Mnemotecnia: documentos y ficciones memorialistas

¡Qué pobre memoria es aquélla que sólo funciona hacia atrás!
Lewis Carrol, Alicia en el país de las maravillas

 

(…) Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil. Pensó que en la hora de la muerte no habría acabado aún de clasificar todos los recuerdos de la niñez (…)

Jorge Luis Borges, Funes el memorioso

 

El llamado boom de la memoria es una tendencia cultural que caracteriza a las sociedades occidentales contemporáneas. Su aparición y desarrollo, fundamentalmente a partir de la década de 1960, ha implicado un notable interés por el pasado, las prácticas rememorativas y la historia; en contraste con la profusión de narrativas sobre el futuro que caracterizó a la primera mitad del siglo XX.

El interés por el tema se ha extendido en diversos ámbitos: estético, artístico y político, debido a las aceleradas dinámicas de la vida actual, que conllevan una permanente y contradictoria tensión entre olvido y rememoración. Además, supone un posicionamiento crítico de cara a la historia como disciplina y a sus grandes relatos tradicionales.

Como sabemos los procesos subjetivos de memoria comprenden la facultad psíquica con la cual se retiene y se recuerda el pasado a partir de imágenes mentales. Por el contrario, el olvido supone la incapacidad o imposibilidad, parcial o total, de reconfigurarlo en el presente.

Asimismo, las memorias familiares, nacionales, comunitarias se sustentan en imaginarios compartidos, forzosamente dinámicos y cambiantes. En buena medida en la memoria colectiva aquello que debe o puede ser recordado y lo que debe o puede ser olvidado es influenciado directamente por los distintos mecanismos sociales y políticos de poder.

Las fuentes a las que se acude para recomponer el pasado (individual o colectivo) desde la memoria, pueden ser experienciales o bien parte de las llamadas memorias heredadas (familiares, comunitarias y/o nacionales); en todo ello, las ineludibles y complejas tramas y mecanismos de la imaginación ponen en entredicho la llamada función veritativa (de verdad) de los procesos memorialistas.

El pensador francés Paul Ricoeur en La memoria, la historia, el olvido, señala:

                  (…) la amenaza permanente de confusión entre rememoración e imaginación, que resulta de este devenir-­imagen del recuerdo afecta a la ambición de fidelidad en la que se resume la función veritativa de la memoria. Y sin embargo (…) no tenemos nada mejor que la memoria para garantizar que algo ocurrió antes de que nos formásemos el recuerdo de ello (…)¹

Las obras en esta exposición son valoradas bien como documentos o ficciones memorialistas o bien como una combinación de ambas categorías. Es decir, en algunos casos se trata de aparentes o pretendidos registros documentales de acontecimientos del pasado. Otros, resguardan memorias anónimas de sujetos y/o de lugares sin nombre propio (retratos fotográficos y pictóricos). De igual modo, hay piezas en las que se entrecruzan poéticamente referentes históricos y ficcionales. Así, desde la invención: reconstruyen escenas lejanas, señalan de manera crítica el olvido y permiten generar perspectivas en torno a futuros e identidades posibles.

Estas últimas acuden a la estética del simulado desgaste y añejamiento, del paso del tiempo. En esta categoría están situadas buena parte de las obras contemporáneas presentadas: gráfica, fotografía intervenida y video escultura. Las distintas imágenes de memoria/olvido/identidad interpelan a quienes las observan, conduciendo la mirada hacia la (re) creación de relatos, la elaboración de narrativas críticas, la especulación en torno a historias de vida y autoficciones, entre otros.

Dentro del conjunto exhibido conseguimos distintos géneros, períodos históricos y tendencias artísticas en las que resaltan importantes series de fotografía documental, así como relevantes expresiones del lenguaje fotográfico contemporáneo. Destacando de esta manera la aparente capacidad de la fotografía de registrar fielmente la realidad y de salvaguardar la presencia del tiempo dejado atrás. Esto desde su invención técnica en el siglo XIX y aún hasta la fecha, a pesar de los múltiples cuestionamientos y reflexiones generadas al respecto, en los siglos XX y XXI.

Las obras se sitúan en territorios difusos entre lo efectivamente recordado y las contradicciones implícitas en la pretensión de representar los recuerdos visualmente. Con ello, se indaga en una concepción problematizada de la memoria como práctica (subjetiva y/o colectiva) que implica la imposibilidad de una reconstrucción fiel, incuestionable, de las experiencias y acontecimientos remotos.

Se busca, por tanto, propiciar preguntas abiertas en torno a los procesos mnemónicos y dar cuenta de la inevitable asociación de la práctica memorialista con la búsqueda de verdad (en muchos casos relacionada con conceptos claves, como justicia, reparación y concepciones identitarias de distinto orden); pero también con lo figurado, el ensueño, la invención psíquica y el universo infinito de lo imaginario.

Fabiola Arroyo

Dirección

Plaza de los Museos. Parque Los Caobos. Bellas Artes , Caracas

Fecha

Martes, Septiembre 22, 2015

Horario

Martes a viernes: 9:00 am a 5:00 pm / Sábados, domingos y feriados: 10:00 am a 5:00 pm